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Energía Vital


Somos, por naturaleza, seres energéticos. Constantemente emitimos y recibimos esa fuerza sutil y vital que nos moviliza. Hemos aprendido a gestionar nuestras vidas ante reacciones básicas de sobrevivencia, la alimentación y rutinas de forma casi automática. Pero poco sabemos del manejo consciente de nuestra energía y emociones. Este conocimiento, suele ser desestimado.


Conocer y dominar nuestra energía es determinante. El arte de conocer, evaluar y equilibrar nuestra energía interna es fundamental para evitar el desgaste y mantener una vida en equilibrio.

El desequilibrio surge, casi siempre, cuando nuestra energía está desbalanceada. Damos mucho más de lo que recibimos, resultando en un desgaste progresivo de nuestra vitalidad.


Esto se manifiesta en baja motivación y voluntad, agotamiento, frustración, ansiedad y dificultad para concentrarnos, afectando integralmente nuestro bienestar.


Las emociones son los motores, son la energía que genera todos los impulsos. Son, en esencia, energía en movimiento. Usadas conscientemente pueden ser el combustible que impulse nuestro crecimiento, o la fuerza que nos lleve a un lento deterioro.


Cuando la carga es negativa, es fundamental gestionar y liberarlas. Cuando estas emociones no se resuelven, ya sea por impotencia, recuerdos, sentimientos o patrones de pensamiento recurrentes, pueden bloquear nuestro flujo, generan una angustia que nubla nuestro presente y tensiona nuestras relaciones.


Una carga emocional crónica, como el estrés descontrolado, agota nuestras reservas rápidamente, volviéndonos reactivos e irritables ante las mínimas molestias. Este estado de alerta constante no solo afecta nuestra forma de relacionarnos y decidir, sino que el cuerpo mismo empieza a dar señales, somatizando el conflicto interno en forma de dolencias físicas.


Al no procesar esta energía, presente en lo profundo de nuestro sentir, es probable que también bloqueemos nuestra capacidad para canalizarla positivamente, dificultando que encontremos un sentido de propósito claro.

Está energía es una fuente de información de nuestro subconsciente y está tratando de enseñarnos algo muy valioso, que es necesario descifrar.


Las emociones tienen una función vital, pero una carga excesiva, obstruye, dejándonos a merced de los estímulos impulsivos. Tenemos la capacidad del disernimiento correcto para canalizar el camino evolutivo que necesitamos atravesar como experiencia existencial.


El camino del autoconocimiento es la clave principal. Estar presente principalmente ante nuestra reacción: ahí está la información de nuestras áreas frágiles


Para avanzar en nuestro camino evolutivo, se requiere un trabajo de consciencia profundo. Este proceso implica observar, aprender y liberar con humildad. Debemos centrarnos en el sentir, y comprender cómo reaccionamos internamente a los eventos externos.


Avanzar en nuestro camino evolutivo implica una indagación consciente, a menudo mediante la meditación o la reflexión profunda para identificar el origen de nuestros patrones de sufrimiento.


Es útil analizar las dinámicas relacionales desde nuestros primeros años, pues en esa etapa se forjaron las estructuras básicas de la identidad que hoy sostenemos. Muchos de nuestros comportamientos—aquellos que repetimos o rechazamos de forma exagerada—crean un "péndulo" que drena nuestra energía sin cesar.


El primer paso hacia la sanación y el equilibrio es reconocer los signos del agotamiento y el desequilibrio en nuestra vida. Para abordar la raíz de estas tensiones, es imprescindible cultivar la autoobservación consciente, que es el núcleo de la inteligencia emocional y la verdadera transformación.


Imagina la energía emocional; son impulsos que nos motivan, informan y mantienen alerta. Pero en un estado de estrés crónico, nuestras reacciones se vuelven impulsivas, percibiendo amenazas, incluso donde no las hay. Una gestión emocional consciente nos permite observar y guiar esa energía, evitando que nos desborde y nuble nuestra claridad mental, lo cual protege tanto nuestro bienestar personal como interpersonal.


Vemos el mundo no como es, sino como somos por dentro. Las emociones transitan por redes neuronales ya conocidas, y la tensión de intentar responder a todos los estímulos externos puede abrumarnos y bloquearnos.


El arte de cuidar nuestra energía es un acto de responsabilidad necesaria para continuar. Conocernos mejor nos ayuda a discernir: a veces, necesitamos liberar la energía negativa acumulada mediante una actividad física intensa y consciente. Otras, es vital recargar, ya sea con una caminata en la naturaleza o una conversación sincera con alguien de confianza. En ocasiones, se trata simplemente de regular, reorientando nuestro propósito y evaluando si necesitamos un cambio de rumbo.


Lo esencial es escuchar a nuestro cuerpo, el principal indicador de nuestro estado interno. En momentos de dificultad, un simple abrazo puede ser profundamente reparador y "resetear" nuestro sistema.


La clave es la presencia, observar con atención nuestras sensaciones y buscar activamente momentos de conexión y serenidad. Observar nuestra respiración y utilizarla como anclaje en los momentos de tensión. Esto nos ayudará a mantener la calma y la claridad necesaria.

La calma es, en esencia, nuestro estado natural. Desde la tranquilidad, resurgen con facilidad el optimismo, la motivación y la creatividad para superar cualquier obstáculo. Cuida tu energía. Nadie más puede hacerlo por ti.


Cuando decidimos restarle valor a lo externo para enfocarnos en cómo utilizamos nuestra energía interna, logramos conectar con un poder que nace desde el corazón, vibrando en amor trascendental.


Vibrar en paz amor y armonía es en esencia, la energía vital.



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Mensaje canalizado por Julio César Singlan desde Seres de luz que iluminan nuestro camino. Editado por Amor Completo.



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