top of page

Nuestro Poder



Hay un poder inmenso que siempre habita en nosotros, aunque a menudo pase desapercibido entre el ruido de la rutina y las exigencias del día a día. Ese poder es nuestra atención. Porque, en esencia, nos convertimos en aquello que miramos, en aquello que decidimos habitar con nuestra consciencia.


Cuando comenzamos a observar cómo funciona nuestra mente, algo profundo se activa. No se trata solo de entender conceptos, sino de adentrarnos en el territorio sagrado de nuestros procesos existenciales, de descubrir ese vasto océano interior que llamamos subconsciente. Allí, en lo profundo, reside una sabiduría que aguarda a ser escuchada.


El subconsciente es como un guardián silencioso que decide a qué prestamos atención, filtrando la realidad a través del lente de nuestras creencias más arraigadas. Lo que creemos determina lo que somos capaces de ver, las oportunidades que percibimos y aquellas que permanecen invisibles ante nuestros ojos. Es un archivo gigantesco donde se almacenan nuestras experiencias, traumas, alegrías y aprendizajes, y desde allí influye en cada reacción, cada hábito, cada percepción automática que tenemos.


Y luego está la mente consciente, esa herramienta maravillosa que usamos para razonar, para tomar decisiones lógicas en el presente. Pero a veces olvidamos que nuestros pensamientos no son la realidad absoluta, sino apenas una interpretación, un relato tejido desde un estado interno que puede estar cansado, herido, condicionado por la historia familiar o por las defensas del ego.


A menudo caminamos arrastrando anclas invisibles... un error cometido hace tiempo, una ruptura que aún duele, un miedo que se instaló en algún recodo del camino... o esas primeras experiencias de vida, tan profundamente grabadas, que siguen marcando el ritmo de nuestros pasos sin que nos demos cuenta. Esas anclas nos sujetan, nos impiden navegar hacia la versión de nosotros mismos que realmente merecemos ser.


Vivimos gran parte del tiempo en piloto automático, programados en la infancia para responder de determinadas maneras. Y es comprensible: nuestra mente consume alrededor del veinte por ciento de nuestra energía. Pensar profundamente, cuestionar creencias, analizar con honestidad, todo eso requiere un esfuerzo que a veces preferimos evitar. Por eso el cerebro toma atajos, utiliza esos pequeños algoritmos mentales que llamamos sesgos, y que nos dan una ilusión de seguridad al confirmar una y otra vez lo que ya creíamos saber.


El ego se convierte entonces en una estructura rígida, difícil de cuestionar porque precisamente su función es protegernos, esconder nuestras mayores vulnerabilidades detrás de murallas de certezas. Pero la verdadera evolución espiritual comienza justo cuando reconocemos que no sabemos, cuando aceptamos humildemente que nuestra mirada es solo una perspectiva entre infinitas posibilidades.


Porque todo lo que percibimos del mundo nace desde nuestro interior, desde ese lugar moldeado por nuestras experiencias. Y es allí donde los sesgos nublan la razón, donde las convicciones se vuelven construcciones personales que olvidamos que son solo nuestras. Los comportamientos, esos que a veces juzgamos tan rápido en los demás, no son más que el reflejo de nuestro propio subconsciente, de nuestra propia historia.


Cuando reaccionamos con juicios rápidos, sin detenernos a comprender, lo que emerge a la superficie es nuestra energía reprimida, esa que no hemos sabido mirar ni acompañar. Porque en el fondo, nada es blanco o negro. La vida se despliega en una gama infinita de colores que se funden entre sí, y mientras nos empeñemos en justificar nuestras propias convicciones, seguiremos atrapados en esa mirada estrecha que nos impide comprender al otro y comprendernos a nosotros mismos.


El subconsciente es esa fuerza silenciosa que impulsa nuestras actitudes y acciones, el guardián de nuestras emociones más profundas. No razona como la mente consciente, sino que asocia, reacciona, nos habla a través de corazonadas, de intuiciones, de esas verdades viscerales que a veces ignoramos porque suenan a poco lógicas. Cuando no nos conocemos en profundidad, somos fácilmente manipulables, incluso por nuestra propia mente. Pero cuando aprendemos a escuchar ese susurro interior, descubrimos que allí reside una guía sabia, un canal de comunicación con algo más grande que nosotros mismos.


En ese espacio interno conviven luces y sombras. Cualidades que nos brindan seguridad, e inseguridades que nos limitan. Creencias formadas en la infancia que nos susurran "no valgo", "no puedo", "no merezco". Pero ninguna de esas voces es la verdad absoluta, aunque condicionen nuestra realidad. Porque el subconsciente tiene una cualidad maravillosa: puede ser reprogramado. El cerebro no distingue entre lo real y lo vívidamente imaginado, de modo que a través de nuevas experiencias, de emociones renovadas, de la repetición amorosa, podemos transformar esa verdad interna que nos limita.


Para utilizar este poder a nuestro favor, necesitamos aprender a enfocarnos en lo que realmente depende de nosotros. Observar desde una postura neutral, sin juzgar, sin aferrarnos.


Las experiencias pasadas pueden limitarnos o pueden convertirse en nuestro mayor Maestro si adoptamos una actitud de aprendizaje constante. Porque lo que creemos, creamos. Y cuestionar lo que pensamos es el camino más directo para desarrollar todo nuestro potencial.


Se trata de enfocarnos en lo que somos y hacemos con actitud humilde y positiva, habitando pensamientos de abundancia, de sentido, de propósito. Visualizar lo que deseamos; no desde la carencia, sino desde la seguridad de sentirnos ya completos. Definir nuestra narrativa interna con consciencia, con afirmaciones que resuenen en lo profundo, con imágenes que el subconsciente pueda habitar como si ya fueran reales.


Y entonces ocurre la magia: cuando logramos silenciar el ruido del ego, cuando creamos ese espacio de pausa entre el estímulo y nuestra reacción, allí vive la verdadera libertad. Ese instante de lucidez donde podemos preguntarnos: "Espera, ¿esto es verdad o es solo mi miedo hablando?" Ese momento sagrado donde elegimos responder en lugar de reaccionar, donde decidimos crear en lugar de sobrevivir.


Porque el despertar no consiste en eliminar todos nuestros sesgos —el cerebro siempre buscará ahorrar energía—, sino en darnos cuenta de que están ahí. En observar con compasión esas programaciones antiguas y elegir, desde la consciencia, reprogramar aquello que nos limita. Poco a poco, vamos dejando atrás el modo supervivencia para adentrarnos en el modo creación.


Y entonces, por fin, comenzamos a ver el paisaje tal cual es. Un paisaje lleno de oportunidades que antes permanecían ocultas detrás del velo de nuestros miedos y creencias limitantes. Un horizonte amplio donde podemos caminar con la certeza de que llevamos dentro el mayor poder: el poder de dirigir nuestra atención, de elegir dónde ponemos la mirada, de decidir, en cada instante ser los soberanos de nuestro sentir y dónde enfocar nuestro mayor poder;

Nuestra Atención.



...


Mensaje canalizado desde Seres de Luz que iluminan nuestro camino. Canalizado por Julio César Singlan y editado por Amor Completo.



Comentarios


Vamos iluminando. Mensajes de luz para una vida mejor. Crecimiento personal. Canalizaciones. Terapias holísticas. 

Suscríbeme para recibir nuevos mensajes de luz:

Gracias!

© 2035 Creado por Trotamundos con Wix.com

bottom of page